El dinero en efectivo ha sido durante siglos el pilar de las transacciones cotidianas. Sin embargo, en un mundo hiperconectado y acelerado, su presencia se cuestiona con creciente intensidad.
En este artículo, analizamos tendencias, cifras y tecnologías que configuran un horizonte donde el efectivo podría perder peso, sin desaparecer por completo.
Los datos muestran una progresiva disminución de las transacciones con billetes y monedas. Según PwC, en 2025 el efectivo representará solo alrededor del 20 % de los pagos globales. Este dato refleja un cambio de hábitos acelerado.
Entre 2020 y 2025, las operaciones electrónicas crecerán un 82 %, pasando de 1 billón a 1,8 billones de transacciones. El avance de las tarjetas y las plataformas digitales impulsa este comportamiento.
MasterCard, Visa y McKinsey coinciden: las billeteras digitales y pagos instantáneos serán claves en la transición hacia un ecosistema con menos efectivo.
La transición no es solo una moda pasajera: responde a cambios sistémicos en la forma de interactuar con el dinero.
Se observa una doble dinámica: la evolución de los sistemas de pago existentes y la revolución de nuevos modelos de consumo y financiamiento.
Estos elementos configuran un entorno donde el efectivo queda relegado a situaciones específicas, como retiros de emergencia o transacciones muy pequeñas.
La tecnología se alza como motor de transformación. Las monedas digitales de bancos centrales (CBDC) y las criptomonedas prometen menores comisiones y mayor eficiencia.
El mercado global de biometría, con un valor cercano a 39.000 millones USD en 2023, crece para ofrecer autenticación más segura y personalizada en cada transacción.
Además, la IA generativa se perfila como un elemento clave para optimizar procesos y mejorar la experiencia de usuario.
A pesar de las tendencias, el efectivo conserva un rol significativo en determinados contextos y poblaciones.
En países emergentes, donde la inclusión financiera aún es limitada, el efectivo sigue siendo el principal medio de intercambio. El Banco Mundial detecta brechas de acceso a servicios bancarios y smartphones.
La Fed estadounidense muestra que, pese al auge digital, muchos consumidores guardan efectivo como seguro contra posibles fallos tecnológicos.
El debate se intensifica al evaluar beneficios y riesgos de un sistema totalmente digitalizado.
Entre los argumentos a favor destacan:
Quienes defienden la preservación del efectivo señalan:
El futuro del dinero en efectivo no parece marcado por una desaparición total, sino por una redefinición de su rol.
Es probable que conviva con soluciones digitales avanzadas, manteniéndose como una alternativa fiable en contextos específicos y un respaldo en situaciones de contingencia.
La clave estará en diseñar políticas financieras inclusivas y seguras que integren ambos mundos, garantizando acceso y flexibilidad para todos.
De este modo, el efectivo podría transformarse en una pieza residual pero valiosa, mientras lo digital se consolida como el estándar dominante.
Referencias